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    Él firmó con Su sangre. ¿Por qué Jesús tuvo que morir en la cruz?

    Por un trato.

    Aunque actualmente los pactos se firman con tinta sobre un papel, en la antigüedad se hacían con actos públicos.

    El pueblo de Israel tenía leyes civiles y de conducta muy estrictas, dadas a un pueblo difícil que con sus malas acciones causaba su propia destrucción. Dios protegió a los israelitas a la vez que les daba una base moral de conducta y una identidad como nación al darles Su ley. En el caso de los pactos, para comprar alguna cosa, se llamaban a testigos, dos o tres y se hacían declaraciones verbales de la compra y el precio. En otros casos, se hacía una comida, como en los matrimonios. Dios le dio al pueblo de Israel un pacto de ser Su Dios y ellos Su pueblo, y el pacto fue sellado rociando a cada israelita con sangre de un cordero perfecto.

    El pecado fue definido como la transgresión a la ley de Dios. El pecado en sí causaba la maldición, puesto que salía de la forma correcta como Dios había diseñado las cosas.

    Es así de sencillo: En una construcción civil se deben cumplir normas de construcción, normas de seguridad, normas civiles, normas internacionales, estándares, etc.

    Todas son importantes, aseguran la estabilidad de la edificación, la seguridad de los trabajadores, usuarios y ciudadanos en torno a la edificación, conectan a la obra con los servicios públicos y además mejoran la calidad de vida de la sociedad.

    El incumplimiento de una pequeña norma de seguridad, como "usar casco" puede causar la muerte por accidente a un obrero.

    Lo que no es fácil ver, es que Dios ha tenido un plan de construcción con la humanidad. Dios nos creó para juzgar la tierra, para construirla, para trabajarla, para multiplicarnos y llenarla. Es todo lo que un buen Padre desea para sus hijos.

    Las leyes que Dios había dado eran como esas normas de seguridad que evitan accidentes, o que la estructura se derrumbe.

    Nosotros no hicimos caso a las normas. Como resultado de llevar una vida en pecado, la destrucción se hizo evidente. No necesita usted meter al diablo como ser destructor que está detrás de cada cosa mala que hay en el mundo, empecemos asumiendo la culpa nosotros. Basta con que una madre olvide amamantar a su hijo recién nacido para que este pueda morir de hambre.

    Con el pecado somos más inconscientes de las consecuencias, no las vemos fácilmente. A estas consecuencias se les llama MALDICIÓN.

    Dios había hecho un pacto con la humanidad: Les dio una tierra para labrarla, los emparejó en matrimonio para compañía mutua y multiplicación de la especie, y les mandó que guardaran Su ley. ¡Sencillo!

    Ese fue el primer pacto de Dios con los hombres. El hombre violó el pacto de Dios, como resultado la maldición vino a la humanidad, y se hizo presente la maldición en la vida de los hombres y en la misma tierra.

    Quisiera que usted leyera esta historia en el Génesis, pero no es de la creación que le quiero hablar, sino del plan de Dios.

    Dios sabía que el hombre no sería fiel a ninguno de sus pactos. El hombre pecaba y era entregado a la destrucción, pero Dios Padre no interfería en ello puesto que el juzgar las cosas en la tierra, era trabajo del hombre, Dios sí cumplía el pacto aunque el hombre no porque Él es fiel y no iría en contra de los designios que el hombre aprobaba en su administración personal, aunque produjeran su propia destrucción.

    Entonces Dios forma el plan de salvación: Convertirse en hombre y venir ÈL mismo a la tierra a revertir toda la maldición. Recuerde, sólo el hombre tenía la autoridad para hacerlo.

    Cada pecado era una escritura sobre la tierra que reclamaba ser pagado con maldición. Jesús fue perfecto en todo. Nunca quebrantó una ley, toda su vida en la tierra fue en santidad absoluta. Por consecuencia, ninguna maldición podía tocarlo: Muerte, enfermedad, dolor, humillación, pérdida de bienes, ¡nada!

    Pero Él no vino a reclamar Su triunfo, Él vino fue a pagar el precio.

    Cuando Jesús se presentó ante Dios en el monte Getsemaní, Él estaba a punto de ser traicionado por el tesorero de Su ministerio: Judas Iscariote.

    Los hombres de ley, corruptos y maliciosos, no podían aceptar que Jesús les expusiera sus maldades públicamente, lo consideraron una amenaza para su gobierno y planearon matarle. Compraron a Judas para que éste les dijera dónde estaría Jesús sin la compañía del pueblo. El Getsemaní era perfecto.

    Allí, Jesús oró pidiendo al Padre no beber la coma preparada para Él. Pero al final decidió beberla.

    ¿Qué copa? La copa del castigo. Dios habla en un lenguaje simbólico. En la antigüedad, a los príncipes y reyes se les envenenaba con alguna poción hecha de plantas venenosas o veneno extraído de animales; como eran ricos, no bebían en vaso, sino en copas. La copa de muerte contenía el veneno.

    La copa que Jesús bebió fue Su muerte en la cruz. La bebida: El pecado del hombre.

    Fue el pecado el que causó la entrada de la muerte a la biología humana, fue el pecado el que degeneró a la sociedad perfecta que tenía un vínculo de unidad a Dios, para desmoralizarla y causar las guerras y homicidios que hoy son tan numerosos.

    Jesús bebió el pecado de todos los hombres, y llevó Él la muerte y el castigo por todos ellos.

    Cuando Jesús estaba siendo azotado, Su sangre que salía de sus heridas abiertas escribía en la tierra: Maldición sobre el cuerpo: Pagado

    La sangre y las lágrimas firmaban: angustias, dolores - Pagados.

    Cuando fue mostrado en vergüenza y humillación vestido como rey con una corona de espinas y un traje púrpura como de reyes, pero herido y azotado, cuando fue escupido y golpeado ÉL estaba representando el estado del hombre que vino a juzgar a la tierra: Maldito y debilitado por la maldad, recibiendo en sí mismo todo el castigo por nuestras iniquidades con las que la tierra fue maldita. Su humillación decía públicamente: Pagado.

    Pero cuando Jesús fue crucificado, sus manos y sus pies fueron atravesados por clavos, y su costado por una lanza, Su sangre cayó más abundantemente a la tierra y firmaban alrededor de la cruz el pago del acta de decretos más terrible jamás sentenciada contra el hombre: La maldición de muerte.

    El Dios Todopoderoso, no quieriendo por causa de Su justicia olvidarse del pecado para aceptar a Sus hijos, tuvo que Él mismo hacerse hombre y pagar Él las consecuencias. Al final de Su trayecto en la tierra como hombre justo, fue alzado en la cruz, recibiendo la muerte, llevando Él el pecado de todos, pues sólo un justo que se ofreciera podía pagar realmente el precio por un injusto. Nadie puede pagar con lo que no tiene, nadie podía dar justicia si no la tenía.

    Él lo hizo por nosotros. Por su sacrificio, no por nuestras obras, pudo hacernos justos delante de Dios y así librarnos de toda maldición.

    Quizás más poderoso que el poder que lo resucitó al tercer día, quizás más poderoso que ese poder de resurrección, sea el amor de Dios hacia Sus hijos. Sólo un buen y misericordioso Padre haría esto por nosotros.

    Si usted quiere recibir este regalo de Dios, diríjase a Él con el corazón abierto y confiésele sus pecados, y pídale que por el sacrifico que hizo en la cruz le perdone y le limpie de todo mal, dígale que ahora Él será el Señor de su vida y va a vivir de acuerdo a Su voluntad, cualquiera que fuere.

    Él le estará esperando con amor y no con condenación, Él hizo todo esto por nosotros, y Él siempre ha sabido los errores que cometeríamos. ¡Haz la elección hoy mismo!

    "Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeras en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo."
    Romanos 10:9-10

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