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  • ¿Cómo actuar con Sadam?

    Hay dos cosas en las que estaremos todos de acuerdo:
    1.- Sadam ha decidido dotarse de armas de destrucción masiva, ya las ha usado con su propia población y está dispuesto a seguir usándolas o a entregarlas a grupos terroristas (esto último es lo que le diferencia del dictador norcoreano).
    2.- Hay que conseguir su desarme, evitando el mayor número de muertes en el proceso (a ser posible, sin ninguna).[/B]

    Hay que parar a Sadam. ¿Es deseable hacerlo pacíficamente? Sin duda, sí. ¿Es posible? Ojalá. ¿Es legítimo el uso coercitivo de la fuerza cuando no hay otra alternativa eficaz? La resistencia pacífica es un modelo de acción para mí, pero no puedo imponerlo en las relaciones internacionales: Ro.13 reconoce la función de la fuerza coercitiva (muy fuerte lo dice: “la espada”) en la sociedad laica, como mecanismo de control en un entorno humano caído; no lo afirmo sin dudar, de hecho me gustaría conocer otra interpretación, pero entiendo que es la real: ¿renunciaríamos al uso de la fuerza para detener a Hitler? ¿habría sido eficaz la resistencia pasiva? ¿habría evitado más muertes? Creo que no, y eso no significa que yo, como cristiano, no trabaje para buscar medios pacíficos de resolución del conflicto, pero no es fácil enfrentarse a los tiranos que usan códigos diferentes al nuestro; es temerario ser cándidos con ellos.

    “No a la guerra” es algo que todos apoyamos con convicción. Pero ¿cómo conseguirlo? Ojalá pudiésemos ver el futuro y comprobar qué es lo que mejor podría evitar la guerra. A falta de eso, miremos al pasado: en los años 30, el premier británico Chamberlain optó por el “no a la guerra” e hizo ver a Hitler que no usaría las armas contra él; Hitler entendió bien el mensaje y se armó hasta los dientes; G. Bretaña y Francia no quisieron apoyar a la República en la guerra civil española para no enfrentarse a Hitler; cuando por fin en el 39 quisieron pararle, el precio de muertes que hubo que pagar ya fue infinitamente mayor. Paradójicamente, el “no a la guerra” de Chamberlain en el 36 dio lugar a una guerra más desoladora en el 39 ¿y no nos sucederá lo mismo con Sadam?

    ¿Alguien duda de los propósitos belicistas de Sadam?

    Hasta ahora, ¿qué han conseguido las gestiones diplomáticas con él? Cuando la ONU se limitó a este tipo de gestiones, ¿cuál fue la respuesta de Sadam? expulsar a los inspectores en el 98 ¿Por qué los dejó volver ahora? ¿por las manifestaciones en contra de la guerra? (las del pasado día 15 las agradeció públicamente como una expresión de apoyo a su régimen) ¿por las iniciativas diplomáticas de Francia o Alemania?. Muchos dicen que tiene que haber métodos pacíficos de desarmarle, pero es irresponsable quedarse en el deseo: deben explicarse estos métodos y demostrarse su eficacia, y lo único concreto que se ha postulado en esta línea es la prolongación y fortalecimiento de la labor de los inspectores. Pero como cristianos no podemos ser ingenuos: la readmisión de los inspectores ¿se consiguió por métodos pacíficos? no, sino por la amenaza militar ¿Qué es lo único que obligó a Sadam a dejar entrar a los inspectores? el propio Chirac acaba de reconocer que fue la presión militar de EEUU y R. Unido; dicho de otra manera: ¿alguien se cree que Sadam habría dejado volver a los inspectores si no se situasen 150.000 soldados americanos y británicos junto a sus fronteras? A mediados del 02, sin amenaza militar encima, Sadam advirtió que los inspectores “jamás volverían a Irak” –¿y hay mejor prueba de que esconde armas de destrucción masiva que pueden pasar meses sin ser localizadas?–. Nos es fácil decir “no a la guerra, sí a los inspectores”, pero no habría inspectores si los denostados yanquis no hubiesen amenazado con la guerra –y una amenaza de este tipo no es eficaz si no demuestras que estás dispuesto a implementarla–.

    Tengo una seria inquietud: si no se le demuestra ahora a Sadam que el mundo está dispuesto a usar la fuerza contra él, habrá que acabar usándola más adelante más violentamente, cuando el tirano ya disponga de capacidad para utilizar indiscriminadamente armas de destrucción masiva, y entonces sucederá como con Hitler: para pararle pagaremos con muchas más muertes iraquíes y nuestras.

    No puedo dogmatizar en mis propuestas, porque tengo más preguntas que respuestas y no me siento tampoco cómodo con lo que postulo, pero como cristianos no podemos conformarnos con unirnos a los tópicos fáciles, que despiertan el fácil aplauso, pero vuelan de puntillas por encima de la realidad. De esto quedé algo vacunado hace unos años, cuando me uní con entusiasmo al clamor para derrocar al Sha de Persia y oré para que el Señor diera éxito al movimiento de liberación que desde el exilio de París lideraba un entrañable anciano de luengas barbas: se llamaba Jomeini.

    Algunos hermanos dirán que mi Dios no es su Dios (frase que varios han repetido contra Bush); yo nunca diré esto contra ningún hermano, porque no tengo por qué dudar de la convencida fe de quien no piensa –o duda– como yo en este tema concreto; me preocuparía más que mi Biblia, que no sólo contiene palabra de Dios sino que toda ella es palabra de Dios, no fuese su Biblia. Cortesía de: Manuel Suárez. Suárez es médico y miembro de la Junta Directiva del Consell Evanxélico Galego.
    © Manuel Suárez, I+CP, 2003. I+CP (www.ICP-e.org)

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